lunes, 9 de noviembre de 2015
miércoles, 14 de octubre de 2015
miércoles, 30 de septiembre de 2015
Palabras
Se cruzan, perciben el deseo en sus pupilas dilatadas, y aun así no hay destino certero. Siempre rebusca bajo la cama por si de la duda asoma el mal de aurora. El basilisco duerme en el arte, es sentimiento, habita en un verso e incuba traiciones. Mil caras para ti. Para mí una estatua de sal entre el grito de los iracundos. Mi San Sebastián que espera indefenso y eterno, con el dolor grabado en la armonía del grácil cuerpo que retrató un pintor italiano.
domingo, 30 de agosto de 2015
¿Y si...?
¿Y si solo quedaran los recuerdos? ¿En qué lugar nos dejaría el tiempo? Las desventuras con final feliz, los romances convertidos en pluma y pincel, las elegías de viejos héroes caídos, mi canto en do menor en las tardes de cielo gris. ¿Y si los miedos fueran vendajes de heridas que contaran nuestro pasado? ¿Quién ahondaría en descifrar el sentido de tu sonrisa etrusca? Cuando desaparezca en el absoluto azul, masticaré los puntos y comas de tus frases para borrar los pequeños espacios que separan las palabras. Todo quedará como una huella en el camino o los surcos de un vinilo, sin orden ni concierto, sin rezos ni oración.
sábado, 15 de agosto de 2015
viernes, 14 de agosto de 2015
Serendipia
Solo perdura lo intrascendente.
Cuando la rabia se revela dando paso al sentido de los días
cada desgarro abre caminos inesperados.
Es el mirlo blanco que nos alerta con su plañir
de que la búsqueda es inútil si no existe conexión.
La misma cara por las mañanas,
mis palabras mudas, el silencio que densifica el aire.
¿Tú o yo? ¿Arteria o corazón?
Cuando la rabia se revela dando paso al sentido de los días
cada desgarro abre caminos inesperados.
Es el mirlo blanco que nos alerta con su plañir
de que la búsqueda es inútil si no existe conexión.
La misma cara por las mañanas,
mis palabras mudas, el silencio que densifica el aire.
¿Tú o yo? ¿Arteria o corazón?
martes, 4 de agosto de 2015
Mariposas
La fatigosa sensación que corroía su vientre presagiaba la angustia que lo persiguiría hasta la extenuación. Juntos compartían el mismo dolor punzante que les empujaba a adorar el misticismo que encierran las palabras nunca pronunciadas.
Necesitó regresar sobre sus pasos para comprender el origen de su endémico malestar. Las crisálidas instaladas en los huecos internos de su cuerpo dieron paso a criaturas voraces que rasgaron los sentimientos que albergaba, las costuras del tiempo y el espacio. Las mariposas, despiadadas criaturas que anidan de forma imprevista, corroían su vientre extendido en el suelo. Él sentió la necesidad de gritar como un mantra sin dueño ni reclamo el nombre que apresaba su mente. Cuando hubo expirado el último suspiro que pudo dedicarle, las mariposas brotaron por su boca dejando tras su marcha solo un pálido maniquí inerte.
Su corazón egoísta no soportó la desazón que le produjo encontrar lo que tanto se negó a buscar. La mano invisible que desgarra el pálpito con su tenebroso sentir.
Necesitó regresar sobre sus pasos para comprender el origen de su endémico malestar. Las crisálidas instaladas en los huecos internos de su cuerpo dieron paso a criaturas voraces que rasgaron los sentimientos que albergaba, las costuras del tiempo y el espacio. Las mariposas, despiadadas criaturas que anidan de forma imprevista, corroían su vientre extendido en el suelo. Él sentió la necesidad de gritar como un mantra sin dueño ni reclamo el nombre que apresaba su mente. Cuando hubo expirado el último suspiro que pudo dedicarle, las mariposas brotaron por su boca dejando tras su marcha solo un pálido maniquí inerte.
Su corazón egoísta no soportó la desazón que le produjo encontrar lo que tanto se negó a buscar. La mano invisible que desgarra el pálpito con su tenebroso sentir.
sábado, 1 de agosto de 2015
Inventa al menos una despedida
Ojalá te hubiera conocido. Llegaste con tanta fuerza al punto en el que comienzan las historias que al pestañear ya había perdido la cabeza. Huyendo de todo llegué al punto de regreso. Algunos tenían la firme convicción de que caerías a sus pies, que te poseerían, pero no fuiste capaz de aceptarlo. No eras un nombre, un concepto ni un motivo por el que suspirar. Qué revelador aceptar eso.
Tras un arranque pasional cogí el tren y te descubrí en una lejana playa intentando pisar tu propia sombra. Era extraño, pero sin conocerte sentía que siempre habías estado allí, concentrada dando pisadas en la arena. Aquella esperpéntica escena se quedó grabada en mi mente, tejiendo sueños y dramas más reales que el agua que rozaba los dedos de los pies. Los días pasaban y tu pelo cambiaba de color sin descanso, sorprendiéndome con una parte nueva totalmente desconocida y fascinante. El vértigo se había convertido en una sensación tan arriesgada como placentera.
Aún me duelen los surcos que dejaron las lágrimas en los ojos y la extraña certeza de que las coincidencias que nos unían eran solo excusas inconexas. La realidad es que reparaste en mí cuando la marea ya sacudía lo que quiso pero nunca fue. Demasiado tarde. Descubrí que había pasado tanto tiempo con una persona solo para averiguar que era una extraña. Allí te encontrabas, satisfecha tras vencer a tu sombra mientras me gritabas que al menos tuviera el valor de inventar una despedida.
Tras un arranque pasional cogí el tren y te descubrí en una lejana playa intentando pisar tu propia sombra. Era extraño, pero sin conocerte sentía que siempre habías estado allí, concentrada dando pisadas en la arena. Aquella esperpéntica escena se quedó grabada en mi mente, tejiendo sueños y dramas más reales que el agua que rozaba los dedos de los pies. Los días pasaban y tu pelo cambiaba de color sin descanso, sorprendiéndome con una parte nueva totalmente desconocida y fascinante. El vértigo se había convertido en una sensación tan arriesgada como placentera.
Aún me duelen los surcos que dejaron las lágrimas en los ojos y la extraña certeza de que las coincidencias que nos unían eran solo excusas inconexas. La realidad es que reparaste en mí cuando la marea ya sacudía lo que quiso pero nunca fue. Demasiado tarde. Descubrí que había pasado tanto tiempo con una persona solo para averiguar que era una extraña. Allí te encontrabas, satisfecha tras vencer a tu sombra mientras me gritabas que al menos tuviera el valor de inventar una despedida.
viernes, 24 de julio de 2015
martes, 21 de julio de 2015
La incertidumbre
No encuentro nada por lo que vivir
y sigo aquí, aún no es mi fin.
He peleado hasta perder el control,
pero al final hay que continuar.
Estoy cansado de contar hasta diez,
de querer, de no saber.
Cuchillos que vuelan al compás,
días para olvidar.
Un corazón existe solo entre dos,
un número a veces fatal.
Me ha costado aprender la lección.
Así soy yo, no puedo cambiar.
Renegué cien veces más por ti
para ver si estás ahí.
Vendí mi alma a alguien sin más
y así ya no dolerá.
La incertidumbre se apodera de mí.
Tras tantos fracasos nunca estás preparado.
Alguna vez tendrás que tirar la piedra.
El miedo nos sacude en nuestra torpeza.
No hay canciones para describir
tanto desprecio a los sueños perfectos.
De tanto dar vueltas acabo huyendo
de todo aquello que guardaba dentro.
jueves, 16 de julio de 2015
Donde todo se vuelve insoportable
La vigilia no espera, acecha. Cuando piensas que has logrado superar todos los horrores mundanos despiertas y te encuentras desnudo, fijo ante el espejo, dispuesto a no soportarte más. La primera vez que me ocurrió soñé que estaba solo y me asusté. Ahora, visto con perspectiva, creo que hubiera preferido mantenerme en ese breve parpadeo a dar el paso meteórico de reconocer mi conciencia.
Esto ocurrió al cuarto día. Ya no sé si llegué a terminar la semana con esa ridícula imagen de mí mismo al levantarme. La soledad de repente se convirtió en un ideal, en una meta que me alejara de estar con esa insoportable presencia que era yo. YO. Una palabra demasiado corta para el gran sumidero de mierda que esconde.
Esto ocurrió al cuarto día. Ya no sé si llegué a terminar la semana con esa ridícula imagen de mí mismo al levantarme. La soledad de repente se convirtió en un ideal, en una meta que me alejara de estar con esa insoportable presencia que era yo. YO. Una palabra demasiado corta para el gran sumidero de mierda que esconde.
domingo, 12 de julio de 2015
sábado, 11 de julio de 2015
Décalage
Todas las mañanas se despertaba con un anhelo dibujado en los labios que lo empujaba a seguir con vida. Quebrantar las leyes naturales era un desafío inalcanzable por el que estaba dispuesto a cruzar ciertos límites, incluso si con ello fuera necesario llevarse todo cuanto viera por delante. Cualquiera hubiera sentenciado su ímpetu irrefrenable, pero era consciente de que no estaba solo en su empeño.
De la misma forma que el frío acompaña las noches de invierno, sentía la seguridad de que al cerrar los ojos encontraría la cabeza de ella apoyada sobre él. En esos instantes lo que ocurriera en el universo solo era un compás de silencio en mitad de la sinfonía que le envolvía, un pequeño rayo de sol reducido a la más absoluta nada.
Aunque le extirparan cada rincón de su ser podía cobijarse en aquella cálida postura compartida que le permitía sostener su cuerpo sobre su cuerpo. Él conocía bien esa sensación, la forma en la que exhalaba acompasado cada suspiro como un enjambre brotando por su pecho hasta mutar en la más pura encarnación de Sísifo haciendo rodar la pesada roca de su destino. Podía estar años soportando su peso, pero al llegar a la cima sabía que regresaría a la ausencia, a la levedad de su cuerpo convertido en carnaza. Tarde o temprano tendría que pagar su condena expuesto a la luz más ignota y recóndita de su mente.
La cabeza apoyada sobre sus hombros le recordaba que ella era la causa y efecto de su accidentada existencia. Cayendo de forma predispuesta, su cabello parecía responder a un capricho obsceno sugerido por las suaves facciones de su rostro dormido. Pero, ¿cómo habían acabado así, tendidos en el suelo mientras se derrumbaban los cimientos del mundo?
Desde jóvenes habían transitado los mismos caminos de la vida y así consiguieron seguir durante años. Eran dos líneas paralelas que no alcanzan a tocarse ni apartarse de su dirección. Él recordaba los días en los que el contacto de sus cuerpos les otorgaba un aspecto majestuoso, divino, como efigies imperecederas para todo aquel que los observara.
No existe nada eterno y a pesar de que nunca pronunciaron ni una sola palabra al respecto, eran conscientes de que el desajuste entre ellos, la distancia invisible que los separaba, sería cada vez más prolongada. Era la sombra que los perseguía sin descanso amenazando con revelar sus verdaderas y desconocidas formas. El décalage ya los había alcanzado pero aún no lo sabían.
Un día algo cambió y la trayectoria recta de aquellas dos personas se truncó hasta producirse el colapso. Él y ella, que habían compartido innumerables noches, desayunos sin tostadas y lluvias desde la cama, impactaron de forma inevitable desde direcciones opuestas. La colisión dejó sus restos esparcidos por el asfalto. Cuando volvieron a mirarse ya no se veían el uno al otro, sino todo lo que habían sido.
Y ahí estaban de nuevo, con ella apoyando todo el peso de su destino sobre el hombro de aquel Sísifo al que le temblaban las piernas.
De la misma forma que el frío acompaña las noches de invierno, sentía la seguridad de que al cerrar los ojos encontraría la cabeza de ella apoyada sobre él. En esos instantes lo que ocurriera en el universo solo era un compás de silencio en mitad de la sinfonía que le envolvía, un pequeño rayo de sol reducido a la más absoluta nada.
Aunque le extirparan cada rincón de su ser podía cobijarse en aquella cálida postura compartida que le permitía sostener su cuerpo sobre su cuerpo. Él conocía bien esa sensación, la forma en la que exhalaba acompasado cada suspiro como un enjambre brotando por su pecho hasta mutar en la más pura encarnación de Sísifo haciendo rodar la pesada roca de su destino. Podía estar años soportando su peso, pero al llegar a la cima sabía que regresaría a la ausencia, a la levedad de su cuerpo convertido en carnaza. Tarde o temprano tendría que pagar su condena expuesto a la luz más ignota y recóndita de su mente.
La cabeza apoyada sobre sus hombros le recordaba que ella era la causa y efecto de su accidentada existencia. Cayendo de forma predispuesta, su cabello parecía responder a un capricho obsceno sugerido por las suaves facciones de su rostro dormido. Pero, ¿cómo habían acabado así, tendidos en el suelo mientras se derrumbaban los cimientos del mundo?
Desde jóvenes habían transitado los mismos caminos de la vida y así consiguieron seguir durante años. Eran dos líneas paralelas que no alcanzan a tocarse ni apartarse de su dirección. Él recordaba los días en los que el contacto de sus cuerpos les otorgaba un aspecto majestuoso, divino, como efigies imperecederas para todo aquel que los observara.
No existe nada eterno y a pesar de que nunca pronunciaron ni una sola palabra al respecto, eran conscientes de que el desajuste entre ellos, la distancia invisible que los separaba, sería cada vez más prolongada. Era la sombra que los perseguía sin descanso amenazando con revelar sus verdaderas y desconocidas formas. El décalage ya los había alcanzado pero aún no lo sabían.
Un día algo cambió y la trayectoria recta de aquellas dos personas se truncó hasta producirse el colapso. Él y ella, que habían compartido innumerables noches, desayunos sin tostadas y lluvias desde la cama, impactaron de forma inevitable desde direcciones opuestas. La colisión dejó sus restos esparcidos por el asfalto. Cuando volvieron a mirarse ya no se veían el uno al otro, sino todo lo que habían sido.
Y ahí estaban de nuevo, con ella apoyando todo el peso de su destino sobre el hombro de aquel Sísifo al que le temblaban las piernas.
domingo, 5 de julio de 2015
sábado, 4 de julio de 2015
v e r a n o
Siento el rumor del oleaje en mis carnes y a veces pienso que tengo todo el tiempo por delante. Sería sencillo caminar por la orilla y darle a esta situación un matiz más idílico, pero lo nuestro es sentir el asfalto escuchando éxitos de hace años por la radio.
Cambio de color con el paso de las estaciones. De la pureza albina a las pipas tostadas del verano. De la nocturnidad al ébano, y si alguna vez fui azul sería de la tonalidad de un príncipe desteñido. Aún me acuerdo del dolor matutino diluido con los años. La fiebre que sentí en agosto nació entre eslóganes y la sintonía de una telenovela sobre ser rebeldes.
Hoy el mayor placer que podrías darme sería comprar el helado más dulce de la ciudad para dejar que se derrita frente a tus ojos. Sé que es un desafío resistir la sed del viaje, pero no hay mayor deleite que saber que podemos cruzar el océano y sus honduras insondables.
Cambio de color con el paso de las estaciones. De la pureza albina a las pipas tostadas del verano. De la nocturnidad al ébano, y si alguna vez fui azul sería de la tonalidad de un príncipe desteñido. Aún me acuerdo del dolor matutino diluido con los años. La fiebre que sentí en agosto nació entre eslóganes y la sintonía de una telenovela sobre ser rebeldes.
Hoy el mayor placer que podrías darme sería comprar el helado más dulce de la ciudad para dejar que se derrita frente a tus ojos. Sé que es un desafío resistir la sed del viaje, pero no hay mayor deleite que saber que podemos cruzar el océano y sus honduras insondables.
martes, 30 de junio de 2015
Mordiscos
Dejémonos de tonterías y seamos sinceros. Tú me odias, yo te odio, pero hemos acabado juntos en este cuarto fundidos en uno solo. Hasta hoy me has ganado, pero esta noche me he propuesto por una vez ser peor que tú, así que relájate y deja que yo haga el resto. Eres la sal que se cuela por las subrepticias zonas de mi cuerpo y sé que provocas incendios con solo quererlo, pero no te miento cuando susurro que verme arder es lo que ahora mismo más deseo.
En el suelo o en el techo, cualquier cosa vale para poner fin a este temblor que recorre el cuerpo. Túmbate, desnúdate y grita obscenidades que en tu boca son punzadas de placer, vértices en los lunares de mi piel. A ver si consigues que esta fricción detone la piel para que luego pueda recoger mis restos. Y ya que estás en esa posición libidinosa y eterna, roza tu lengua en mi conciencia. Úsame, tírame, toca las llagas que asoman por mis rodillas de tanto suplicarte.
Te lo imploro, te lo ruego. Tienes experiencia, te he visto antes y sé que lo haces constantemente, incluso muchas veces sin que se enteren. A mí no me encontrarás desprevenido, así que no me falles. Si nada de eso funciona, si no consigues hacerme daño... que te jodan. O mejor, jódete. Lo que prefieras.
En el suelo o en el techo, cualquier cosa vale para poner fin a este temblor que recorre el cuerpo. Túmbate, desnúdate y grita obscenidades que en tu boca son punzadas de placer, vértices en los lunares de mi piel. A ver si consigues que esta fricción detone la piel para que luego pueda recoger mis restos. Y ya que estás en esa posición libidinosa y eterna, roza tu lengua en mi conciencia. Úsame, tírame, toca las llagas que asoman por mis rodillas de tanto suplicarte.
Te lo imploro, te lo ruego. Tienes experiencia, te he visto antes y sé que lo haces constantemente, incluso muchas veces sin que se enteren. A mí no me encontrarás desprevenido, así que no me falles. Si nada de eso funciona, si no consigues hacerme daño... que te jodan. O mejor, jódete. Lo que prefieras.
sábado, 27 de junio de 2015
Los días que maduran
No he vivido y ya no existo por dentro. No he caminado y ya me quema el cuerpo. Volé bajo el suelo, ingrávido, absorto, y ya no hay punto de regreso. La experiencia es una virtud y un inmenso sacrificio. Se va la inocencia, los golpes, el sabor a metal en el cuerpo. Es la renuncia por el espíritu, la bella desgracia por el enaltecimiento del ego.
No hay elección, están todas las piezas colocadas. De nada sirvieron los años de búsqueda. Solo queda el muro infranqueable sobre el horizonte dando sombra a los días del verano. Y aunque Hipólito nunca perdió su natural encanto ni bajó del caballo blanco, hoy por ello será castigado. ¡Pobre! ¡Quién pudiera bucear bajo su espalda para acallar la melodía que lo devora!
No hay elección, están todas las piezas colocadas. De nada sirvieron los años de búsqueda. Solo queda el muro infranqueable sobre el horizonte dando sombra a los días del verano. Y aunque Hipólito nunca perdió su natural encanto ni bajó del caballo blanco, hoy por ello será castigado. ¡Pobre! ¡Quién pudiera bucear bajo su espalda para acallar la melodía que lo devora!
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