La vigilia no espera, acecha. Cuando piensas que has logrado superar todos los horrores mundanos despiertas y te encuentras desnudo, fijo ante el espejo, dispuesto a no soportarte más. La primera vez que me ocurrió soñé que estaba solo y me asusté. Ahora, visto con perspectiva, creo que hubiera preferido mantenerme en ese breve parpadeo a dar el paso meteórico de reconocer mi conciencia.
Esto ocurrió al cuarto día. Ya no sé si llegué a terminar la semana con esa ridícula imagen de mí mismo al levantarme. La soledad de repente se convirtió en un ideal, en una meta que me alejara de estar con esa insoportable presencia que era yo. YO. Una palabra demasiado corta para el gran sumidero de mierda que esconde.
No hay comentarios:
Publicar un comentario