sábado, 4 de julio de 2015

v e r a n o

Siento el rumor del oleaje en mis carnes y a veces pienso que tengo todo el tiempo por delante. Sería sencillo caminar por la orilla y darle a esta situación un matiz más idílico, pero lo nuestro es sentir el asfalto escuchando éxitos de hace años por la radio.

Cambio de color con el paso de las estaciones. De la pureza albina a las pipas tostadas del verano. De la nocturnidad al ébano, y si alguna vez fui azul sería de la tonalidad de un príncipe desteñido. Aún me acuerdo del dolor matutino diluido con los años. La fiebre que sentí en agosto nació entre eslóganes y la sintonía de una telenovela sobre ser rebeldes.

Hoy el mayor placer que podrías darme sería comprar el helado más dulce de la ciudad para dejar que se derrita frente a tus ojos. Sé que es un desafío resistir la sed del viaje, pero no hay mayor deleite que saber que podemos cruzar el océano y sus honduras insondables.

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