domingo, 30 de agosto de 2015

¿Y si...?

¿Y si solo quedaran los recuerdos? ¿En qué lugar nos dejaría el tiempo? Las desventuras con final feliz, los romances convertidos en pluma y pincel, las elegías de viejos héroes caídos, mi canto en do menor en las tardes de cielo gris. ¿Y si los miedos fueran vendajes de heridas que contaran nuestro pasado? ¿Quién ahondaría en descifrar el sentido de tu sonrisa etrusca? Cuando desaparezca en el absoluto azul, masticaré los puntos y comas de tus frases para borrar los pequeños espacios que separan las palabras. Todo quedará como una huella en el camino o los surcos de un vinilo, sin orden ni concierto, sin rezos ni oración.

viernes, 14 de agosto de 2015

Serendipia

Solo perdura lo intrascendente.
Cuando la rabia se revela dando paso al sentido de los días
cada desgarro abre caminos inesperados.
Es el mirlo blanco que nos alerta con su plañir
de que la búsqueda es inútil si no existe conexión.
La misma cara por las mañanas,
mis palabras mudas, el silencio que densifica el aire.
¿Tú o yo? ¿Arteria o corazón?

martes, 4 de agosto de 2015

Mariposas

La fatigosa sensación que corroía su vientre presagiaba la angustia que lo persiguiría hasta la extenuación. Juntos compartían el mismo dolor punzante que les empujaba a adorar el misticismo que encierran las palabras nunca pronunciadas.

Necesitó regresar sobre sus pasos para comprender el origen de su endémico malestar. Las crisálidas instaladas en los huecos internos de su cuerpo dieron paso a criaturas voraces que rasgaron los sentimientos que albergaba, las costuras del tiempo y el espacio. Las mariposas, despiadadas criaturas que anidan de forma imprevista, corroían su vientre extendido en el suelo. Él sentió la necesidad de gritar como un mantra sin dueño ni reclamo el nombre que apresaba su mente. Cuando hubo expirado el último suspiro que pudo dedicarle, las mariposas brotaron por su boca dejando tras su marcha solo un pálido maniquí inerte.

Su corazón egoísta no soportó la desazón que le produjo encontrar lo que tanto se negó a buscar. La mano invisible que desgarra el pálpito con su tenebroso sentir.

sábado, 1 de agosto de 2015

Inventa al menos una despedida

Ojalá te hubiera conocido. Llegaste con tanta fuerza al punto en el que comienzan las historias que al pestañear ya había perdido la cabeza. Huyendo de todo llegué al punto de regreso. Algunos tenían la firme convicción de que caerías a sus pies, que te poseerían, pero no fuiste capaz de aceptarlo. No eras un nombre, un concepto ni un motivo por el que suspirar. Qué revelador aceptar eso.

Tras un arranque pasional cogí el tren y te descubrí en una lejana playa intentando pisar tu propia sombra. Era extraño, pero sin conocerte sentía que siempre habías estado allí, concentrada dando pisadas en la arena. Aquella esperpéntica escena se quedó grabada en mi mente, tejiendo sueños y dramas más reales que el agua que rozaba los dedos de los pies. Los días pasaban y tu pelo cambiaba de color sin descanso, sorprendiéndome con una parte nueva totalmente desconocida y fascinante. El vértigo se había convertido en una sensación tan arriesgada como placentera.

Aún me duelen los surcos que dejaron las lágrimas en los ojos y la extraña certeza de que las coincidencias que nos unían eran solo excusas inconexas. La realidad es que reparaste en mí cuando la marea ya sacudía lo que quiso pero nunca fue. Demasiado tarde. Descubrí que había pasado tanto tiempo con una persona solo para averiguar que era una extraña. Allí te encontrabas, satisfecha tras vencer a tu sombra mientras me gritabas que al menos tuviera el valor de inventar una despedida.