lunes, 27 de marzo de 2017

E s p e c t a d o r

Era tu mayor admirador. Le encantaba tu forma de andar, la reacción que provocaba en ti la noticia más intrascendente de un periódico local o la última canción de un grupo de Seattle que habías descubierto por casualidad. Sin embargo, no sabía si todo lo que sentía era fruto de un gusto irremediable o celos por ver en ti lo que él nunca iba a ser. Era extraño, pero cada día que pasaba más se sentía como un espectador en una función a la que se le ha denegado la entrada. Aplaudía cuando había que gritar. Aunque lo pueda parecer, no estaba triste. Ya lo tenía asumido. Sin embargo, pedía disculpas por las ocasiones en las que aún giraba la cabeza de forma inconsciente cuando pasaban fragmentos de una vida que no era la suya. Era algo que se esforzaba en evitar. En cuanto a ti, que el tiempo no te cambie. Ojalá nunca te cambie.

domingo, 26 de marzo de 2017

#8

Matamos despacio aquello que nos ata
a pesar de todo cuanto se deja atrás,
uniendo estrellas como puntos en el cielo,
rompiendo cadenas, trazando mentiras,
oportunidades de volver a cruzarnos.

sábado, 25 de marzo de 2017

Sputnik

Seguía la estela que dejaba al pasar orbitando sobre sus pasos, recorriendo cráteres y ventiscas en busca de señales secretas. Debía descifrar el mensaje de la humanidad descrito en la comisura de sus labios antes de que el meteorito colapsase en su cabeza. Estaba sin comunicación con la Tierra desde que la estación espacial cerró por huelga de valientes y allí tumbado, consumido por la inmensidad del horizonte, sentía miedo de no saber si había vida fuera, miedo de dar la vuelta a los sentidos, de responder a la llamada del vacío. En cierta forma deseaba dejarse caer esa noche, gravitar en su pecho en busca de tierras recónditas que colonizar.

domingo, 19 de marzo de 2017

Aleluya nº9

Un deseo menos, un sueño obsceno,
un suspiro extraviado, un tren con retraso,
una nube suicida que no tiene quien la siga,
un diván solitario esperando a su rey Midas,
Aleluya.

Mi caricia encaramada, unos versos que te llaman,
un poema enternecido, un joven que ama,
dos cantones divididos, su silueta en un reflejo,
la política servida a modo de panfleto,
Aleluya.

Unos niños en la calle, una luz siempre distante,
las promesas que no olvidan, cada sombra de la noche,
una musa divertida que dibuja un mal pintor
contamina la belleza de esa extraña situación,
Aleluya.

Las sonrisas que se anudan, unos cuerpos que se agitan,
el cartel de está cerrado, una puerta sin salida,
traficantes de esperanzas que hoy recuerdan con dolor
una historia inconexa sin escenas ni guión,
Aleluya.

jueves, 16 de marzo de 2017

Entre lo duro y lo blando

Pasó de largo por el recibidor sin dirigirles una palabra, ansioso por llegar hasta su habitación. Había sido un día complicado, por lo que dejó el paraguas con desdén en la entrada y subió por las escaleras. Tras cruzar el oxidado pomo de la puerta todo cambió. De las paredes rezumaba rocío de jazmín y la luz de la lámpara había transformado su vida en technicolor. La espada de Damocles que durante todo el viaje hasta su cuarto le había acechado con su amenazante filo ahora era solo un regaliz de caramelo. No podía sentirse más feliz que en aquel instante. Pisaba con sus botas de terciopelo la moqueta gastada de la sala, imaginando lugares en los que el olor a hierba recién cortada y la aurora le despertaban por las mañanas. Le encantaban los domingos solitarios como aquel. Mirando al cielo se preguntaba: "Estrellita, ¿dónde te has metido esta noche?".

miércoles, 15 de marzo de 2017

Jude

Cómo duele lo que no se recuerda, lo que mana a borbotones de las cicatrices abiertas que se abren paso por los canales de la piel. La culpa le persigue y si lo alcanza solo es para que le apalee con su zumbido ensordecedor clamando la condena del verdugo. Se niega tres veces cada mañana antes de que la herida supure y vuelva la rutina de ocultar sus brazos con la cabeza agachada. Da igual que fuera buen amigo o el mejor abogado de la ciudad si el monstruo dormitaba durante el día cogiendo fuerzas para su asalto nocturno. Después de cada ataque quedaba exhausto y sabía que así nunca sería capaz de explicar a quienes quería que las dolencias que durante años había achacado a un accidente de tráfico respondían a algo más obtuso. Solo en ocasiones en las que perdía el conocimiento dejaba vislumbrar a su entorno una brizna de su historia, no sin antes escapar al tercer grado al que por miedo o por preocupación rehuía con evasivas.

Él no se sentía suficiente. Ni suficiente agradecido con las atenciones que todos le dedicaban, ni suficiente carismático, ni suficiente interesante, ni mucho menos suficiente merecedor de quienes le dirigían una palabra. Sabía que no tenía nada en el mundo con el que devolverles tantos cuidados y eso le torturaba aún más. Iba de un sitio a otro con un par de harapos en la mochila como únicos testigos de una vida pasada que dejaba atrás en cuanto tenía ocasión de presentarse ante alguien por primera vez. Cada corte era una liberación. El ritual solía acabar en lamentaciones cuando por el resquicio de la puerta del baño reconocía la figura de su amigo despierto en mitad de la noche. Esto se repitió durante varios años sin que se convirtiese en tema de conversación. Entre ellos se conocían bien, por lo que su silencio bastaba para decir aquello para lo que nunca encontraría palabras. Daba igual lo que ocurriera en su niñez o cuáles fueran sus raíces si eso resultaba traumático al joven Jude.