jueves, 16 de marzo de 2017

Entre lo duro y lo blando

Pasó de largo por el recibidor sin dirigirles una palabra, ansioso por llegar hasta su habitación. Había sido un día complicado, por lo que dejó el paraguas con desdén en la entrada y subió por las escaleras. Tras cruzar el oxidado pomo de la puerta todo cambió. De las paredes rezumaba rocío de jazmín y la luz de la lámpara había transformado su vida en technicolor. La espada de Damocles que durante todo el viaje hasta su cuarto le había acechado con su amenazante filo ahora era solo un regaliz de caramelo. No podía sentirse más feliz que en aquel instante. Pisaba con sus botas de terciopelo la moqueta gastada de la sala, imaginando lugares en los que el olor a hierba recién cortada y la aurora le despertaban por las mañanas. Le encantaban los domingos solitarios como aquel. Mirando al cielo se preguntaba: "Estrellita, ¿dónde te has metido esta noche?".

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