Dejémonos de tonterías y seamos sinceros. Tú me odias, yo te odio, pero hemos acabado juntos en este cuarto fundidos en uno solo. Hasta hoy me has ganado, pero esta noche me he propuesto por una vez ser peor que tú, así que relájate y deja que yo haga el resto. Eres la sal que se cuela por las subrepticias zonas de mi cuerpo y sé que provocas incendios con solo quererlo, pero no te miento cuando susurro que verme arder es lo que ahora mismo más deseo.
En el suelo o en el techo, cualquier cosa vale para poner fin a este temblor que recorre el cuerpo. Túmbate, desnúdate y grita obscenidades que en tu boca son punzadas de placer, vértices en los lunares de mi piel. A ver si consigues que esta fricción detone la piel para que luego pueda recoger mis restos. Y ya que estás en esa posición libidinosa y eterna, roza tu lengua en mi conciencia. Úsame, tírame, toca las llagas que asoman por mis rodillas de tanto suplicarte.
Te lo imploro, te lo ruego. Tienes experiencia, te he visto antes y sé que lo haces constantemente, incluso muchas veces sin que se enteren. A mí no me encontrarás desprevenido, así que no me falles. Si nada de eso funciona, si no consigues hacerme daño... que te jodan. O mejor, jódete. Lo que prefieras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario