Quiero un cuerpo perfecto, un alma perfecta, ser el niño iracundo sin pasado y mil futuros que da patadas al aire conjurando rituales ocultos. Ojalá la meta finalmente alcance al sueño y este mundo siniestro no sea más que lo que vemos. Y si bajo la pureza del invierno nuestros vicios son ya imposibles de adivinar que no regresen los recuerdos ni los trazos de tiza que pintabas despistada sobre el mármol de los días.
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